La fertilización foliar se consolida como una herramienta de precisión para corregir deficiencias nutricionales y atender las necesidades de los frutales en etapas clave como floración, cuajado y llenado de fruto.
Su eficacia depende de factores como la solubilidad del fertilizante, el pH del caldo y la compatibilidad entre nutrientes. Una preparación inadecuada puede provocar precipitados, obstrucción de boquillas e incluso fitotoxicidad en las hojas.
Entre las principales recomendaciones destacan separar fuentes de calcio de fosfatos y sulfatos, respetar el orden de incorporación de los productos y realizar una prueba de jarra antes de preparar grandes volúmenes.
El manejo también debe adaptarse a cada cultivo. En manzano, cítricos, vid y palto, los programas foliares priorizan nutrientes como calcio, boro, zinc, potasio y nitrógeno según la etapa fenológica.
Dato clave: la fertilización foliar no reemplaza la nutrición radicular, sino que funciona como una estrategia complementaria para mejorar la disponibilidad de nutrientes cuando el cultivo más los necesita, siempre ajustando las dosis al análisis de suelo, hoja y agua.